Número 214

Tuvo su mejor época a finales de la Edad Media, pero hoy día se recupera como símbolo de tradición en las casas de pueblo tanto de nueva factura como en rehabilitaciones.
El uso de rejas en ventanas y puertas responde a razones de seguridad principalmente, aunque en la arquitectura tradicional española es un elemento decorativo desde que comenzó a utilizarse con fuerza, a partir de los siglos XI y XII. Muchos pueblos de España disfrutan de bellos ejemplos del arte de la rejería.
La reja debe utilizarse según el estilo y los usos locales. Se construye con barrotes de hierro planos, cuadrados o redondos, soldados a un marco perimetral o empotrados en el muro.
Se pueden hacer nuevas con hierro macizo, de fundición o con barrotes de tubo. Las de aspecto más artesanal se forjan a mano. Una solución intermedia es usar tubos macizos o de fundición, y piezas o remates de forja.
Corredera: es una reja escamoteable perfecta para los muros dobles con cámara de aire. Hay modelos que incluyen un premarco donde se fija la cerradura.
En ambientes húmedos aparece la herrumbre, una sustancia que se descascara y separa del metal. Se protege así:
Pintura: antes de aplicar el acabado hay que dar una imprimación con un antióxido. Existen esmaltes sintéticos con antioxidante incluido.
Al natural: si son rejas antiguas, conviene dejarlas tal cual protegiéndolas con una capa de barniz o cera.

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