Las claves de la fachada de piedra

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fachada de piedra

La piedra se ha empleado desde siempre como material de construcción en las casas rurales. Te contamos cómo se construía ayer, cómo se hace hoy, todas las posibilidades que ofrece, cómo mantenerla en perfecto estado, qué piedra eligir… Todo para que proyectes tu fachada con acierto.

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La piedra ha sido durante siglos un material clave en las casas rurales. Su uso dependía de su disponibilidad en el entorno, por lo que muchas regiones de España la empleaban para construir muros de carga, solerías, bóvedas, columnas, y elementos como chimeneas, escaleras y balaustradas. Hoy, en rehabilitaciones, se recupera la piedra con técnicas de consolidación y limpieza.

Así se hacían antes

Las casas se construían con varios tipos de fábrica, siendo la mampostería tosca la más común. Dentro de ella podemos distinguir estas modalidades:

Ordinaria. Se trata de mampuestos sin labrar, irregulares, que forman muros poco resistentes, ya que los bloques de piedra no se adaptan perfectamente y deben rellenarse con ripio y piedras. Las superficies quedan rugosas. Era común en las construcciones más pobres, como cabañas, pajares y cuadras.
Careada. Para mejorar la resistencia del muro, las piedras se despuntaban de forma rudimentaria, logrando caras que necesitan menos relleno. Las casas de labor se construían con este tipo de fábrica.
Concertada. Se trabajan las piedras para que el contacto entre las caras sea lo más plano posible. Corresponde a las viviendas rurales más cuidadas como las masías catalanas y las casas mallorquinas.
Sillarejo. Las piedras tienen forma de prisma recto y la fábrica se ejecuta por hiladas horizontales, de forma que las juntas se acerquen al ángulo recto. No usa material de relleno. Sirve para reforzar esquinas, combinada con mampostería ordinaria o fachadas revocadas.
Sillería. Es el muro más perfecto y resistente. Las piedras o sillares son regulares y de igual tamaño, y apenas se perciben las juntas. Estas fachadas son propias de una arquitectura de mayor estatus, aunque en Galicia suele verse en casas rurales. También se usaban sillares para esquinales, muros cortafuegos, dinteles, jambas, antepechos y zócalos.

Cómo se construyen hoy

El uso de la piedra como muro de carga ha sido relegado al de un cerramiento decorativo. Hoy se construyen muros resistentes con ladrillos macizos o bloques de hormigón, y se revisten con fábrica de piedra. El mejor mortero es el de cal, arena y agua, que se instala en los intersticios, endureciéndose y proporcionando gran resistencia. También se emplea el mortero de cemento a la cal, pues el cemento Portland aporta mayor impermeabilidad.

La piedra sin argamasa se coloca por apilamiento y asentamiento de los mampuestos. Es una técnica antigua empleada para dividir parcelas, crear bancales o construir cabañas. Hoy se usa para acondicionar terrazas o cerrar parcelas. Los dinteles y jambas de ventanas y puertas se pueden enmarcar con sillares, reforzando la estructura y revalorizando la fachada.

¿Qué tipo elijo?

Para empezar, usa la piedra dominante en la región y colócala al uso local. Si la elección no está condicionada por la tradición de la zona, lo que prima es su resistencia en relación a la obra a realizar, al clima del lugar, y a su manejo y corte. Las más empleadas en construcción son granitos, areniscas, dolomitas, calizas compactas y calizas porosas, siendo el granito el más duro, y la caliza porosa la menos resistente. Cuarcitas y pizarras se dividen en hojas, lo que las hace muy dúctiles y perfectas para cubiertas, muros o suelos.

Se emplean en el Pirineo, en la arquitectura negra de Guadalajara o en ciertas regiones de la Alpujarra granadina y las sierras de Almería. Utiliza las piedras más antiguas para vallas, adintelamientos de ventanas o puertas, esquinales, arcadas, umbrales de acceso y otros puntos de gran impacto visual. La piedra vieja tiene un color especial y sus aristas no son perfectas. En entornos rústicos no hay que abusar del producto nuevo.

En perfecto estado

La piedra acumula desde líquenes hasta excrementos de aves, polución, grasas, pinturas, etc. Debido a la humedad y a la lluvia, la  suciedad penetra más en la piedra por lo que, tras la limpieza, hay que aplicar un producto hidrofugante incoloro que la impermeabilice, retardando la fijación de los agentes ensuciantes. También hay que determinar el tipo de limpieza que necesita, para no degradarla más allá de lo imprescindible.

Pasos a seguir

• Cepillar la piedra con cepillos de cerdas duras o metálicas.
• Emplear métodos poco agresivos, que la limpien sin dañarla.
• Puede utilizarse agua a baja o alta presión, en forma de vapor o nebulizada. Antes se agrega el producto químico para limpiar.
• El decapante elimina la pintura.
• Si la piedra está cohesionada, se pueden aplicar limpiezas graduables como el chorro de arena.
• Después de estas limpiezas mecánicas, se limpia el polvo, se rejuntan los espacios entre piedras y se aplica el hidrofugante.
• Realiza una limpieza cada diez años.

LOS MEJORES ACABADOS

El acabado superficial se elige en función del tipo de piedra.

Pulido: Es un acabado liso y brillante con porosidad casi nula. En zonas muy expuestas al agua y las manchas, conviene aplicar productos protectores. Destaca el grano, el color y la textura. Se aplica especialmente sobre mármoles y granitos.
Flameado: Rompe la estructura de la piedra, por lo que se emplea básicamente en el granito. Aporta una superficie rústica, rugosa, con cierto relieve y aspecto vitrificado.
Apomazado: La superficie queda pulida y lisa pero mate. Se aplica en rocas compactas y poco duras.
Abujardado: Se realiza con varios tipos de bujardas, pudiendo obtenerse texturas de grano fino o grueso. La superficie que se obtiene es rugosa y homogénea con pequeños cráteres uniformemente repartidos. Se aplica en mármoles, granitos, calizas y areniscas.
Arenado o mini abujardado: Similar al abujardado pero en lugar de realizarse el agujero con bujardas, se emplea arena de sílice o corindón impulsada por aire.
Serrado: Se obtiene una superficie porosa y rugosa al tacto. La piedra queda mate, con un tono blanquecino, y se caracteriza por el arañado que deja la sierra.
Acabados lineales: Son los que se aplican al canto de la piedra, como, por ejemplo, bisel, recercado, fresado, moldurado, goterón, etc.