Balconadas rústicas

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casa cabariezo

No siempre se hicieron con una función decorativa, sino que a veces balconadas y galerías constituían un lugar esencial para el secado de los productos del campo y del mar. En su construcción se empleaban, sobre todo, la madera y el hierro forjado. Te contamos algunas curiosidades sobre estos elementos arquitectónicos.

fachada
Típica balconada o solana cantábrica.

Los modelos más frecuentes en las tipologías rurales españolas son las balconadas de madera, las solanas y las galerías de madera y cristal. Dependiendo de la tradición constructiva de cada región la madera se trabajaba con torneados exquisitos, o se dejaba en forma de sencillos barrotes de sección cuadrada o rectangular, o de balaustres recortados en tablas.

En los distintos tipos de balcones que ofrece la arquitectura popular española, se observa siempre la necesidad de buscar el sol, por lo que las balconadas aprovechaban las mejores orientaciones. En núcleos urbanos la balconada cumplía a veces una función social. Así, en ciertas casas donde la planta alta se usaba como desván, se simulaban habitaciones abriendo puertas balcón en un afán de prestigio social.

DIFERENTES MODELOS

  • Balcones: Eran frecuentes los que se limitaban a dar seguridad a las puertas de una estancia. También los corridos que abarcaban el ancho de fachada, y los de estilo mirador como el balcón canario o asturiano. Solían ir volados sobre la fachada o instalados a haces con el muro.
  • De madera. Es uno de los elementos más comunes en la arquitectura rural del Norte. Por la necesidad de buscar el sol, se crean balconadas corridas sobre el ancho de fachada, superpuestas en las casas de más de dos plantas como en la vasco-navarra. Solían protegerse por el saliente de la cubierta. Si los balcones eran más profundos de lo normal se acompañaban de refuerzos y ménsulas. Pero el balcón de madera más especial es el canario. Parece un púlpito o un mirador de pino canario, con exquisitos tallados y torneados, y con cubierta de teja a tres aguas.
  • De hierro forjado. Más frecuentes en los núcleos urbanos, pueden llevar pasamanos curvados, barrotes sencillos o retorcidos, o incorporar macollas (una especie de tuercas moldeadas por la que pasa el barrote) y rematarse con esferas o piñas. Este diseño llevaba piezas de forja. También se decoraban con zócalos con corazones, rombos, flores y hojas, o con piezas de cobre, bronce o latón. Los barrotes tenían una separación máxima de 12 cm., y la altura de la baranda era de unos 90 cm. En los pueblos andaluces y del sur de Extremadura se decoraba la fachada con pilastras, molduras y balcones que apoyan en ménsulas. También las hay con la base y la ménsula de granito (aquí se llaman marranos).
  • Balcón secadero: Era común en una zona donde primaba la utilidad de los espacios. Los secaderos estaban en los bajocubiertas. Los balcones se integraban en la composición de fachada, por lo que a la hora de rehabilitarlos hay que incorporarles una cristalera, ya que sólo llevaban una barandilla. Los ejemplos más bellos están en Cataluña y Aragón. Se podían llamar también solanas, debido a su orientación al Sur, en estas comarcas donde se requerían lugares protegidos de la lluvia, el viento y la nieve para secar los productos o almacenar las cosechas. En las masías catalanas los secaderos ocupaban la última planta, con el caballete de cubierta perpendicular a la fachada y abierto a la misma por una arquería. En Granada, los secaderos también eran miradores que estaban en la última planta abiertos a una galería con arcos, o en una torreta adosada a uno de los extremos.
  • Galerías marineras: La región más prolífica en solanas y galerías es la tierra de los pueblos marineros del Norte. Desde el País Vasco hasta Galicia, la galería de madera era una protección para la vivienda y un espacio para las tareas de la pesca. Por eso, las galerías corridas abarcaban todo el ancho de la fachada, pues se necesitaba espacio para colgar las redes. A veces se ubican en el último piso, y otras se repiten en diversas plantas. Esto era porque las casas del Norte se hacían altas y estrechas, proporcionando varios niveles para los balcones, casi siempre volados y abiertos. Una variante, más ligada a la arquitectura industrial que rural, es la galería acristalada que en Galicia ocupa toda la fachada salvo la planta baja. Se cree que aparecen a raiz de la creación de una fábrica de vidrio plano en La Coruña en el siglo XIX. Estas galerías operan como un invernadero, atrapando el sol y protegiendo la fachada de la lluvia, el viento y la humedad. Otra variante es la galería abierta que apoya sobre un porche inferior con pies derechos o pórticos abovedados.
  • Solanas de piedra: Son frecuentes en Galicia. La abundancia de granito y de buenos canteros, hizo que éste se aplicara en muchos elementos constructivos. No es raro ver solanas con barandillas y columnas de granito en las que apoya la cubierta. En las zonas rurales la solana lleva barandilla de madera. En Orense los barrotes son horizontales y la solana suele abrir a dos fachadas. Muchas de estas balconadas llevan patín de piedra exterior sin barandilla. En Galicia una variante es la galería abierta sin comunicación con el interior y a la que se accede por una escalera exterior.

Cántabros, Los más famosos

La solana santanderina:

  • Elemento muy común, en la montaña como en la costa, y en núcleos urbanos.
  • Es una balconada corrida de madera que avanza sobre la fachada, con dos muros cortafuegos laterales de piedra. En la planta baja crea un porche o estragal.
  • La solana con barandilla de roble o castaño se cubre con una prolongación de la cubierta apoyada en los muros laterales.
  • La potencia decorativa de la solana es tal, que se traspasó a la arquitectura culta, como es el caso de la casona señorial cántabra.

Galerías y balcones que buscan el sol:

  • Cantabria muestra un amplio repertorio de balcones y galerías abiertas con función de soleamiento. Pueden llevar tejadillos y cerramientos laterales de madera o de caña con barro, y se acaban dejando la madera al natural o pintándola de vivos colores.
  • En el siglo XIX se introduce en el campo la galería acristalada, procedente de las zonas urbanas. También son comunes en las casas rurales asturianas, en la costa o en el campo.
  • Otro tipo muy divulgado en el Norte es la galería abierta flanqueada por dos volúmenes laterales idénticos y simétricos en los que se abre una ventana. La barandilla puede ser de balaustres torneados, de tablazón recortada, de placas de pizarra o de tabique revocado.

balconada rustica

LA MADERA Y EL HIERRO, COMO EL PRIMER DÍA

Cuidados para la madera:

  • La madera en el exterior requiere un mantenimiento controlado, sobre todo en climas de montaña o marítimos. La humedad y los rayos ultravioletas son sus peores enemigos. La primera favorece la aparición de hongos e insectos, y el sol arruina su aspecto natural. Hay que evitar que se moje, por lo que son útiles aleros y canalones.
  • Cuanto más clara es la madera, más sufre bajo la exposición a los rayos UV. Se deben aplicar protectores de la madera, como aceites o esmaltes. Es importante que sean hidrófugos, ya que permiten que la madera sea permeable al vapor de agua regulando su grado de humedad, pero impiden que el agua penetre en el interior.
  • Se pueden aplicar tratamientos que previenen el desarrollo de hongos de pudrición y azulado, o protectores decorativos que además tiñen y realzan el veteado natural y sirven de filtro solar.

Cuidados para el hierro:

  • La humedad es uno de los agentes climáticos que más ataca al hierro, por lo que el clima marino es el más dañino.
  • En climas secos una imprimación antioxidante y dos o tres capas de esmalte aseguran un mantenimiento de varios años antes de volver a repintar.
  • Al quitar la pintura vieja de un balcón, tras cepillarlo con un cepillo de púas, aplica rápido el antioxidante para que no se oxide con la humedad nocturna.