Rejas y cancelas de forja

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forja

El hierro forjado tiene una gran tradición en España, y encontramos ejemplos de ello por toda nuestra geografía. Rejas y cancelas, si son artesanales, aportan mucho sabor a la casa de campo. Para un resultado perfecto, búscalas en tiendas de derribo, o hazte con buenas reproducciones.

rejas y cancelas

Aunque el uso del hierro es ancestral, la rejería española tuvo su mejor época a finales de la Edad Media y en el período gótico. A partir de los siglos XI y XII, la forja cobra fuerza como elemento arquitectónico, y después evoluciona hasta convertirse en un arte. Bajo el reinado de los Reyes Católicos las formas del gótico se funden con las del Renacimiento en el llamado estilo plateresco, que fue el punto de partida para el arte de la rejería. Quedan bellos ejemplos de estas épocas en muchos pueblos de España. A finales del XVIII, el hierro forjado comenzó a sustituirse por el hierro colado, fuerte, duro y más barato. Sin embargo, era quebradizo, por lo que sólo se usaba en elementos que no soportaban golpes. En las casas rústicas se empleaba el tubo cuadrado, redondo o plano, formando rejas cuadriculadas o modelos simples de dos o tres barrotes, empotrados en dintel y antepecho.

Un modelo para cada caso

El uso de rejas en ventanas y puertas responde principalmente a razones de seguridad, aunque en la arquitectura tradicional española es también un elemento decorativo. Así, en entornos rurales, la reja debe elegirse según el estilo de la casa y los usos locales. Básicamente están construidas con barrotes de hierro planos, cuadrados o redondos, soldados a un marco perimetral o empotrados en el muro. Se pueden hacer nuevas con hierro macizo, de fundición o con barrotes de tubo. Para un aspecto artesanal emplea piezas forjadas a mano. Una solución intermedia es usar tubos macizos o de fundición, y piezas o remates de forja.
•  Reja interior: Se puede construir con barrotes soldados a un marco, y recibirse al vano con grampas o espigas. Conviene amurarla antes de realizar el revoco. El sistema más simple es el de empotrar los barrotes directamente en el muro, siendo esta una solución eficaz para ventanucos. De todas formas, ambos sistemas son muy apropiados para rejas que no pueden sobresalir del muro.
•  Reja corredera: Esta reja escamoteable va bien en muros dobles con cámara de aire. Hay modelos que incluyen un premarco donde se fija la cerradura.
•  Reja saliente: Se trata de un marco con piezas perpendiculares y grampas que se amuran al paramento. Sirve tanto para casas populares como para arquitectura culta y religiosa. Son típicos los diseños castellanos y andaluces en forma de grilla cuadrangular o de cuadradillo, con hierros planos calados por los que se introducen los barrotes verticales, y remaches en forma de flor para la unión de barras. Pueden llevar cabezales con remates de hojas, esferas o cruces. Otro modelo saliente es la típica de Andalucía, una reja volada que apoya sobre repisas y se cierra por arriba con guardapolvos rematados con mortero o piezas cerámicas.
•  Rejas de postigos: Se empotran en el cerco de la carpintería, aunque también pueden tomar la forma de una caja saliente o fijarse a ras del cerco con varillas pasantes o clavos. Las más elementales se construían con secciones redondas y hierros planos, y eran típicas de los pueblos de las dos Castillas.
•  Reja para puerta: Puede ser batiente, corredera exterior o escamoteable (dentro del espesor del muro), o plegable.
•  Rejas para montantes: Se colocan sobre las portadas de acceso, y suelen tener forma ortogonal o de arco. Estos portones abrían a un zaguán cubierto que sólo recibía luz por esta abertura. También son útiles en puertas de acceso.

Cancelas

Son puertas transparentes, con o sin cristal, que cierran zaguanes, patios interiores y puertas de entrada. En las cancelas se encuentran los diseños más trabajados de rejería española: barrotes torneados, macollas, volutas, hojas y rosetones. Las sencillas se diseñan con una grilla de unos 20 x 20 cm.

rejas y cancela

HIERRO FORJADO, CALIDAD Y BELLEZA

•   La forja artesanal consiste en golpear una pieza de hierro fundido, previamente calentada para hacerla dúctil y maleable. La más antigua es la manual, que empleaba carbón vegetal para calentar el hierro. A golpe de martillo o macho, y ayudados por un yunque y el calor de la fragua, se ponía el hierro al rojo vivo y se moldeaba. Este procedimiento mejora la estructura del hierro, ya que el grano se refina haciéndolo más resistente a la fatiga y al impacto que el hierro fundido.
•  El forjado permite realizar gran variedad de formas: el engrosado (que reduce la longitud de una varilla aumentando su grosor), la compresión (para reducir el diámetro de una pieza), el curvado y plegado en frío y en caliente, etc. También se hacen trenzados, enrolados y volutas, soldaduras mediante fundentes, uniones con remaches, ligaduras y abrazaderas, etc.
•  Hoy la forja mecánica o industrial permite obtener elementos de calidad a precios competitivos. Está indicada sobre todo para diseños lineales. En la forja industrial, en lugar de machos de fragua se emplean martillos y prensas mecánicas que golpean el hierro con fuerza y rapidez, obteniendo un grano muy fino con alta resistencia al impacto.

CÓMO PROTEGER EL HIERRO

La combinación lenta del hierro con el oxígeno del aire y la humedad provoca la herrumbre. Esta combinación de óxido de hierro hidratado es una sustancia escamosa que se descascara y separa del metal, exponiendo al aire y a la humedad nuevas capas del metal hasta hacerlo desaparecer. Los ambientes húmedos, especialmente los marinos, son los más perjudiciales para el hierro. Para protegerlo existen varios procedimientos:
•  Pintura: Antes de aplicar el acabado hay que dar una imprimación con un antióxido. Se pueden emplear esmaltes sintéticos con antioxidante incluido. El verde y el negro van bien en el campo.
•  Al natural: Conviene dejar las rejas antiguas en el color del hierro tal cual,  con una protección de barniz o cera. Otra opción es dejar el color del óxido.
•  Pavonado: Es el acabado más antiguo. Tras limpiar y desengrasar el hierro se calienta para que el óxido de paso a distintos colores que pueden fijarse con varias fórmulas según el tono deseado, como el cloruro férrico disuelto en agua o el cloruro antimonioso disuelto en aceite de oliva. La operación se repite hasta lograr un pavonado pardo, que se protege con cera de abeja. Si se quiere conseguir un pavonado negro se recubren las piezas con aceite vegetal o animal con grafito, luego se quema o sopletean a fuego moderado, se limpian y se repite la operación hasta conseguir el color deseado.