Número 214


Frente a una chimenea, acompañado de un sillón del mismo material, el sofá de cuero llena la estancia con su sola presencia y aporta calidez en cualquier ambiente.

Una pieza imprescindible
Nada gana en comodidad a un sofá de generosas proporciones, bien tapizado y con grandes almohadones que inviten a sumergirse en él. En una casa de campo es una pieza fundamental, puesto que la tranquilidad y el descanso son dos de sus premisas principales. En él pasarás las tardes de invierno frente a la chimenea, dormirás siestas en verano, charlarás con familia y amigos...
Cálido y acogedor, es perfecto para las frías tardes de invierno. Acompáñalo de un orejero donde poder dedicarte al placer de la lectura.
Para toda la vida
El material campero por excelencia es el cuero, ya que de este ambiente viene la piel con la que se fabrican, ya sea de vaca, oveja, caballo o cerdo. Si se sabe cuidar y restaurar cuando hace falta, un sofá de cuero será una de esas piezas que se quedan en la familia por generaciones. El sofá de cuero campero por excelencia es el Chester. Se trata de una de esas piezas que siempre está de moda, aunque en los últimos años ha vuelto con fuerza. Los fabricantes reeditan piezas tradicionales, y los diseñadores reinventan modelos clásicos. Es el caso de Natuzzi y Poltrona Frau. Aunque se pueden encontrar piezas tapizadas en damasco o terciopelo, el Chester original es de cuero, en capitoné o con botones cosidos, patas redondeadas y cortas. El original era de cuero marrón, burdeos o verde, aunque ahora el blanco y el plata están de moda. Su respaldo y brazos van en voluta. Al principio su asiento no llevaba cojines, sino que la estructura se acolchaba sin más.
Cómo elegirlo y colocarlo

Acompáñalo con unos cojines de alegres colores, que le restarán seriedad e invitarán a sentarse en él.
Si quieres saber CÓMO MANTENER Y RESTAURAR EL CUERO, descárgate el documento que encontrarás más abajo. Nuestro experto JAIME MESALLES te dice cómo hacerlo.
La historia del Chester

Se dice que fue Philip Stanhope, cuarto conde de Chesterfield quien, a principios del siglo XIX, encargó a su ebanista un sofá donde los caballeros de la alta sociedad pudieran sentarse de forma correcta, sin adoptar posturas extrañas, en los exclusivos clubs londinenses. Tan encopetados señores querían guardar las formas en todo momento, y la forma del Chester lo conseguía ya que les obligaba a mantener la espalda recta y los brazos apoyados en perpendicular al cuerpo. Desde entonces, la imagen del Chester se asocia a los clubs ingleses,

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